Zapatillas chulas
Tres jóvenes aparecen en la plaza lanzando
insultos al aire, uno de ellos ladea la cabeza
mirando atrás, parece que han tenido una
trifulca con alguien y están enfadadísimos. Al
llegar a la altura de la Parada del Centro
Comercial Neptuno, hablan con el taxista primero
de la parada, explicándole que estaban que se
subían por las paredes, ya que no les habían
dejado entrar en una discoteca cercana porque
uno de ellos llevaba zapatillas, explicando de
inmediato este: “Mis zapatillas valen más que el
traje que lleva el segurata de la puerta, es una
injusticia, que vergüenza”, a continuación le
preguntan el precio de llevarlos al pueblo de
donde habían venido.
El taxista le dio pena, parecían buenos
muchachos, sanos y deportistas, ocurriéndosele
una idea magistral: “Que os parece si os presto
mis zapatos y así podéis entrar en la discoteca
sin problemas, mientras, trabajo con las
zapatillas estas tan chulas y cuando terminéis
de divertiros en la disco, me llamáis a este
móvil y os llevo después a vuestro pueblo”, se
miraron los tres muchachos riéndose por la
tremenda ocurrencia del compañero accediendo de
inmediato.
El taxista intercambio sus zapatos por las
zapatillas pensando: “Estoy esta noche que me
salgo, de esta forma me he asegurado el servicio
y les he solucionado el problemas a estos
chaveas tan majos, además mis zapatos son de los
chinos, valen dos gordas, y si no me llaman
tengo estas zapas tan chuleticas”, mientras le
pasaban estos pensamientos por la cabeza, le
atizó un derechazo al aire como si estuviera
jugando la final de la copa del mundo, rematando
el gol con un salto en el aire que llamo la
atención del compañero de atrás que lo miro
pensando: “Que malo es trabajar tanto, este ya
no sabe si es taxista o futbolista”.
Nuestro hombre siguió trabajando tan contento
después de ver como habían dejado entrar en la
discoteca a los tres jóvenes, al cabo de un rato
empezó a picarle el pie de forma tremenda,
aprovechando un semáforo se quito la zapatilla
y…..........”Que asco, que pestazo, es
insoportable, como huelen las zapatillas estas,
este tío es un guarro, me van a salir ladillas
en los pies”.
Tuvo que retirarse a la parada más cercana para
quitarse de inmediato las zapatillas y sus
propios calcetines ya invadidos por la peste y
los supuestos ácaros, bacterias, microbios,
bacilos, el taxista empezó a reírse pensando:
“Menos mal que me las he quitado a tiempo, sino
me tienen que amputar las dos piernas”.
Hay que adaptarse a las circunstancias, que
remedio, tuvo que trabajar descalzo, como
haciendo penitencia, algunos clientes le
descubrieron mirándolo todo el camino como
pensando: “A ver si se termina el servicio
rápido que hemos dado con un taxista loco”.
Finalmente, los jóvenes llamaron al taxista
recogiéndolos con tremendo alivio en la puerta
de la discoteca, pero el problema continuaba ya
que no se podía poner ahora tampoco sus zapatos
ya que estarían “infectados” por el pie del
joven marrano, no tuvo más remedio que seguir
conduciendo descalzo y para disimular les dijo:
“Es que me estaban chicas tus zapatillas, pero
voy a seguir conduciendo descalzo porque he
descubierto que me relajo mucho, parece que
estoy pisando la arena de la playa”.
Después de dejarlos en el pueblo, se fue para su
domicilio con los zapatos en la mano, al llegar
su esposa le dijo: “Niño de dónde vienes, que te
ha pasao, parece que has estado regando
pepinos”.
Escritor:
Antonio Jesús Centeno Gómez
Catedrático en Taxitología.