TRUEQUE
“El tema está muy mal para los agricultores y
ganaderos, es muy difícil mantener la
explotación”, le relataba un simpático cortijero
a nuestro taxista, el cual intentaba contestar a
todas las cuestiones que el cliente le exponía
con el máximo acierto posible, ya que se estaban
tratando temas que nunca había sentido de cerca,
había nacido en Granada capital y sus padres no
habían mantenido vínculos con los pueblos de sus
antepasados.
El ganadero le relato las peripecias de su
profesión, desde el nacimiento de un animal, su
alimentación, las enfermedades que le afectaban,
hasta el momento de su sacrificio. Ante todas
estas cuestiones el taxista mantenía la atención
y escuchaba más que debatía, “para decir
tonterías es mejor callarse”, pensaba para sus
adentros.
Después de dos horas de viaje, al llegar a la
finca del cliente, este saltó del vehículo como
si hubiera visto a Fauno brincando con su flauta
por el bosque, haciendo estiramientos y
respiraciones profundas, “siempre que vuelvo de
la capital respiro profundamente, tengo que
limpiarme los pulmones de tanta porquería que se
respira por allí”, le comento entusiasmado a
nuestro compañero, el cual impasible, con los
brazos cruzados pensaba: “a ver si me paga y me
voy con mi bendita polución, yo aquí me asfixio,
que pestazo insoportable a animales”.
Después de sus ejercicios respiratorios, el
cliente insistió en enseñarle el cortijo y sus
animales, accediendo nuestro compañero por
educación. Pasaron de pocilga en pocilga,
establo en establo, observando todo tipo de
animales de compañía, el olor era insoportable y
durante el trayecto fueron varios los retortijos
de estomago que sufrió nuestro taxista de
ciudad, esto solo lo había visto él en las
películas.
Finalmente el cliente le dijo: “venga que ya te
pago el servicio, ve abriendo el maletero”, al
taxista aquello le choco un poco pensando:
“bueno, al menos me va a llenar el maletero de
tomates, patatas, pimientos…..que siempre vienen
bien, anda que no se va a poner contenta la
parienta”. Después de un buen rato, el ganadero
apareció con un choto al hombro, perfectamente
atado, echándolo con presteza en el maletero del
sorprendido taxista, al grito de “aquí llevas un
chotillo estupendo, yo creo que vale más que tú
servicio, pero bueno me has caído bien”. Los
ojos se le salían de las orbitas al taxista, el
cliente le pretendía abonar el viaje con un
choto…………….
Señores, que brete, que situación más difícil,
que arduas fueron las negociaciones para que el
cliente comprendiera que existía la moneda, no
el trueque de chotos por servicios de taxi.
Finalmente logro el taxista devolverle el choto,
cobrando el servicio en euros como Dios manda,
no sin antes soportar el tremendo enfado del
agricultor.
Al llegar a la ciudad y contemplar nuevamente
los atascos, la polución, el bullicio, el ruido
ensordecedor, se sintió aliviado a la vez que se
decía: “no como choto mas en mi vida”.
Escritor:
Antonio Jesús Centeno Gómez
Catedrático en Taxitología.