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Tengo de todo  

“Buenas tardes, necesitamos que nos lleve a la iglesia de San Nicolás en al Albaicín”, esta fue la solicitud que hicieron dos señoras al entrar en el taxi de un compañero adormecido por el calor del mes de agosto. 

Le contaron al taxista que iban a una boda, que se casaba una sobrina, que eran las dos hermanas y que estaban felices de asistir al evento. 

“Con las prisas no me he arreglado bien el pelo, no estoy conforme con la forma que me ha quedado, me haría falta un poco de laca”, con estas palabras le explicaba una hermana a la otra su disconformidad con su peinado, en ese momento el taxista, con un espíritu de servicio y atención a la clientela ejemplar les dijo: “No hay problema señora, se han montado en el taxi  adecuado, aquí tienen un poquito de laca”, sacando de la guantera un bote ante el asombro de las clientas. 

La señora totalmente impresionada cogió la laca y solicito a su hermana que sacara un espejito del bolso, a continuación se acondiciono el pelo a su gusto, estaba loca de la felicidad, no podía creérselo. De broma le dice al taxista: “Me harían falta unas horquillas, me imagino que usted no tendrá aquí en el taxi, seria increíble”, al escuchar estas palabras el taxista abrió los ojos como platos, esbozando una sonrisa haciéndose el interesante, abriendo nuevamente la guantera: “Voila, aquí están las horquillas que a mi señora clienta le hacen falta, es que estoy que me salgo esta tarde”, al ver las horquillas las hermanas no podían creérselo, se partieron de la risa durante un buen rato,  al final una de ellas dijo: “Vamos a parar de reír que nos vamos a estropear el maquillaje, se me han saltado las lagrimas”. 

Ni que decir tiene que al llegar a la iglesia nuestro compañero se ganó una merecida propina, quedando las clientas totalmente satisfechas con el servicio de taxi y de peluquería. Ya sé lo que está pensando mi querido lector, ¿Cómo es posible que un taxista tenga un bote de laca y horquillas en el taxi?, la respuesta es muy fácil, el día anterior el compañero acudió igualmente a una boda y su mujer, famosa por ir corriendo con la hora justa a todos los sitios, se montó en el vehículo ultimándose el peinado, descubriendo el taxista la mañana del día siguiente que se había olvidado en el coche el bote de laca y las horquillas, esta coincidencia había resultado favorable para impresionar y atender a las clientas.  

Escritor:
Antonio Jesús Centeno Gómez
Catedrático en Taxitología.

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