Siga al autobús
Una señora se introduce en un taxi rápidamente
en la Gran Vía, indicándole al taxista que siga
al autobús que circulaba delante: “De hoy no
pasa, la mato, vaya que si la mato, la he visto
salir de la oficina de mi marido y meterse en el
autobús”, mientras le decía estas palabras al
compañero, sacó del bolso unas tijeras de podar
tremendas ante el asombro y estupor del mismo.
“Señora, no la llevo a ningún sitio sino me
entrega esas tijeras, de esta forma no puedo
llevarla”, la señora accedió a regañadientes a
la solicitud del taxista, entregándole las
tijeras que fueron depositadas debajo del
asiento del conductor a buen recaudo.
“Siga al autobús que la muy guarra está dentro,
la he visto perfectamente, va con una minifalda,
un moño y con una cara de puta que no veas, ha
embobado de tal forma a mi marido, que hace
siete meses que no me toca, con lo bragado que
siempre ha sido”, la clienta seguía con su
monserga mientras el taxista se detenía detrás
del autobús, la señora con los ojos bien
abiertos observaba con detenimiento todas las
personas que se bajaban en cada parada.
Una parada, nada, otra parada, nada, al final el
autobús llego a su destino en Maracena
quedándose totalmente vacío. La señora obligó al
taxista a bajarse y preguntar si quedaba dentro
una señora con moño y cara de zorra, el
conductor del autobús le dijo que ya no quedaba
nadie dentro. No conforme con la respuesta, la
clienta se bajó del vehículo y le dijo al
conductor: “No la esconda más, se que está ahí
perfectamente, la he visto subirse en la Gran
Vía, le voy a denunciar por cómplice”, el
conductor le indico de manera brusca que se
fuera muy lejos, ya me entiende el querido
lector, cerca de Australia tomando algo.
Para desbloquear la situación, el taxista coge a
la señora de los hombros y mirándola a los ojos
le dice: “Por qué no se relaja y se va a su
domicilio, se toma unas tilas y con las tijeras
poda unas cuantas macetas y se tranquiliza”, sus
palabras fueron medicina santa, la mujer cerró
los ojos unos momentos diciendo finalmente:
“lleva usted razón, no vale la pena, además el
autentico culpable es mi marido”.
De retorno a Granada le contó todos los
pormenores de su vida, nuestro taxista llegó a
la conclusión, una vez más, que existen muchas
personas que sufren algo terrible, realmente
frustrante, el amor no correspondido.
Escritor:
Antonio Jesús Centeno Gómez
Catedrático en Taxitología.