Señales de peligro
Actualmente, el gremio del taxi en Granada
capital, dispone de un sistema de radiofonía
cuya implantación hace unos años fue pionera en
España, de tal forma, que fuimos distinguidos
con la presencia del Ministro de Ciencia y
Tecnología del momento, Sr. Piqué, el cual
acudió a nuestras instalaciones, para inaugurar
este nuevo servicio que habíamos implantado en
los taxis, igualmente ese año ganamos el premio
a la innovación tecnológica de la Cámara de
Comercio de Granada.
Hago esta exposición para indicarles que,
gracias a Dios, cuando un taxista se encuentra
en peligro, se puede saber su posición exacta y
llamar a la policía al instante, e igualmente
los compañeros saben dónde acudir para echarle
una mano a un compañero en apuros. Pero
desgraciadamente, no siempre esto ha sido así, y
al no disponer de esta avanzada tecnología,
existían unos códigos y señales secretas (aun
todavía se siguen utilizando), las cuales al
emitirse, se le indicaba a los demás compañeros
que se estaba en situación delicada, aunque
este sistema de señales tiene sus deficiencias,
como lo demuestra la historia que les voy a
relatar:
Un taxista circula por la calle Severo Ochoa,
son las siete de la mañana, detrás se sienta un
cliente con el pelo largo, la cabellera le cubre
prácticamente la cara, con apariencia
“aflamencada” por decirlo de alguna manera.
El compañero, al cruzarse con otro taxista que
hacía bastante tiempo que no veía, le da unas
ráfagas de luces para saludarlo, mientras
pensaba en poder tomarse un café con él y
contarle las últimas novedades de su vida.
El otro taxista, conocedor a la perfección del
manual de las señales secretas de peligro, pensó
al instante: “Ráfagas de luces repetitivas,
indicación clara de peligrosidad, cliente que, o
bien esta atracando al taxista o no le quiere
pagar el servicio, además el tío que lleva
dentro tiene una pinta sospechosa”, al instante
dio un volantazo enérgico y recordando a sus
admirado Starky, se dispuso a perseguir al
compañero para socorrerlo de inmediato.
Aprovechando que el vehículo se había detenido
en el semáforo esquina con Avda. de
Constitución, el intrépido taxista se bajo del
vehículo y con cara de pocos amigos le dijo al
cliente: “Bueno, que pasa, que no quieres
pagarle a mi amigo”, mientras abría los brazos
en actitud agresiva.
El cliente, al ver el cariz que tomaba la cosa,
bajó la ventanilla del taxi y le dijo: “Tío, te
estás confundiendo, soy bailaor y amigo de los
taxistas”, reconociendo al instante el compañero
a un famoso bailarín de flamenco.
Nuestro Starky sintió una vergüenza tremenda,
pidiendo perdón de inmediato, comprendiendo el
artista la situación, debido a la gran cantidad
de gente de dudosa honradez que anda por el
mundo.
Esta experiencia nos indica claramente, que a
veces nos falla nuestra “tecnología punta”
señores.
Escritor:
Antonio Jesús Centeno Gómez
Catedrático en Taxitología.