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Santa Lucía 

Camino de la Alpujarra, un compañero le explicaba a un matrimonio de avanzada edad, los muchos gastos que tiene el taxi y las muchas horas que hay que trabajar para cubrir dichos costes y poder sacar un sueldo a fin de mes, esto es un tópico en el mundo del taxi, los taxistas parecen llorones, no paran de quejarse de estos menesteres, pero yo quiero salir en su defensa, y debo de decirles que tienen razón, la verdad es que ser taxista es duro y hay que trabajar mucho para llevar el pan a casa. 

Los clientes le explican al taxista que iban buscando una fuente en Lanjaron que tenia propiedades medicinales, concretamente para la vista, y que tenían intención de llenar de agua los recipientes de plástico que habían acoplado en el maletero del taxi, para poder hacerse lavados de los ojos en su domicilio. Le comentan que el hombre estaba bastante mal de la vista y que le habían recomendado esta fuente. 

Al llegar a Lanjaron, preguntaron donde se encontraba, indicándoles que se situaba al final del pueblo, justo donde pasaba el rio, en la última curva. 

Efectivamente, allí estaba el caño milagroso, un chorro de agua limpia y fresca. Los clientes se bajaron del taxi con gran alboroto, diríamos que con emoción, parecía que habían encontrado la panacea a todos sus males. 

La fuente está adornada por una escultura de Santa Lucia, y una inscripción dice lo siguiente: “Que la poderosa intercesión de Santa Lucia, virgen y mártir, sea nuestro apoyo señor, también te imploro me conserves la luz de mis ojos con una abundante gracia, para usar de ellos según la voluntad de Dios”. 

Después de rezar un rato, el hombre se quitó la chaqueta y la camisa, hacia buena temperatura ya que estábamos en pleno verano. A continuación, se desprendió de las gafas, que por el grosor del cristal serian de alta graduación, y se produce el momento cómico de este relato, el hombre, al ser llamado por su señora se vuelve y queda desorientado, con una rapidez increíble, parecía que le habían puesto un cohete en el culo, corre hacia un caño de agua cercano al grito de: “Santa Lucia, cálmame este dolor, que tu luz ilumine mis ojos”, a continuación empieza a echarse agua en la cara de manera vehemente, abriendo los ojos todo lo que podía, acabando empapado del todo.

 No dio tiempo de advertirle que esa no era la fuente correcta y que se estaba bañando en una acequia de agua turbia, de color marrón, yo diría con tropezones, tras quedar el cliente lleno de tierra, ramas, y algún que otro bichito. La mujer no tuvo más remedio que bañarlo en la fuente cercana, la buena, dejándolo como un San Luis, después lo tuvo que poner a secar, en calzoncillos al solecito. 

Camino de vuelta el taxista y el matrimonio se hartaron de reír recordando la anécdota, en un momento dado el hombre dijo: “Hemos venido a sanar mis ojos y al final me he hecho un tratamiento de barro terapia”. 

Escritor:
Antonio Jesús Centeno Gómez
Catedrático en Taxitología.

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AGUAS de LANJARÓN, el agua de Sierra Nevada