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Mi madre te paga

Estamos en 1979, Plaza de la Trinidad, un cliente requirió los servicios de un compañero para llevarlo a Sevilla, le dijo que al llegar le abonarían el servicio, le pagaría su madre. Nuestro taxista se había iniciado en la profesión hacia tan solo cuatro meses, por lo cual podemos afirmar categóricamente que era un novato.

El cliente resultó ser un joven de buena apariencia, de trato amable, y con un sentido del humor envidiable, el recorrido se le hizo muy ameno al taxista debido a la gran cantidad de historias graciosas que el Sevillano le contó todo el trayecto, pararon dos veces en el camino para tomar unos refrescos, abonando los mismos el compañero. 

Al llegar a Sevilla, el cliente le fué indicando el camino a seguir para llegar al domicilio de la madre, ordenándole al taxista que parara en la entrada de un edificio con altos ventanales y una puerta de entrada majestuosa, el cliente entró supuestamente a recoger el dinero, después de media hora esperando el taxista empezó a mosquearse, se bajó del vehículo entrando en el edificio. 

En la entrada fue recibido por una persona con bata blanca, comentándole lo que le había pasado, al terminar el relato la señora dijo: “No me diga usted que Manolito ha estado en Granada y que se ha vuelto en Taxi, otra vez se nos ha escapado, otra vez nos lo ha vuelto a hacer, estábamos preocupados de donde podía estar”. 

Al compañero le explicaron que se encontraba en el Manicomio de Sevilla y que Manolito estaba interno en el mismo y que se les escapaba con relativa frecuencia y que no tenía dinero para abonarle el servicio y que el Hospital tampoco se haría cargo, el taxista dijo: “Me ha dicho durante el trayecto que me abonaría el servicio la madre, contacten con ella para que me lo pague”, la enfermera esbozo una leve sonrisa diciéndole: “Su madre también se encuentra aquí, hace años que ha perdido el juicio, lo siento pero no hay nada que hacer”.

Finalmente nuestro novato se mentalizó de que era un caso perdido, iniciando el regreso a Granada con un enfado monumental, intentando llevar a su mente pensamientos que amortiguaran el mosqueo: “Bueno, en la vida unas veces se gana, otras se pierde”. 

Escritor:
Antonio Jesús Centeno Gómez
Catedrático en Taxitología.

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