Ole mis leones
Había un taxista muy peculiar, de gran corazón y
muy respetado por sus compañeros, el cual
acostumbraba, antes de irse a trabajar, de
pedirle a su señora un trocito de queso
diciéndole que era “para sus leones”.
La mujer, por más que insistía que le contara
para que quería el queso, el taxista siempre le
decía lo mismo que “era para sus leones”.
La pobre mujer le dio por pensar de todo, que si
estaba chiflado, que si se había vuelto
excéntrico, que si tenia una amante domadora de
leones y su marido le llevaba algo de comer,
etc.…..
Un día harta ya del tema del queso, acompañada
de su hijo mayor, prepararon un plan de
investigación y decidieron cual Mortadela y
Filemón, espiar al marido para ver que hacia con
el queso.
Le siguieron hasta la Plaza de la Mariana, le
vieron salir del vehiculo y sacar el queso de
los bolsillos, eran las 7 de la mañana, la plaza
desierta y un frío que te calaba los huesos, de
pronto tapado por un árbol se le ve echar el
queso y decir “Ole mis leones”, se acercaron
apresuradamente y al bordear el árbol vieron
tres enormes ratas que devoraban el queso con
prontitud, al fin comprendieron que tipo de
leones se trababa…
Escritor:
Antonio Jesús Centeno Gómez
Catedrático en Taxitología.