INSOLENTE PLEBEYO
Toc, Toc, Toc… el taxista se sobresalto cuando
alguien le despertó de su letargo en aquel día
lluvioso y oscuro, al levantar la mirada
comprobó como una señora elegantemente vestida
le indicaba que saliera del vehículo, haciéndole
ademanes de que le cogiera el paraguas. El
compañero salió del coche y le sostuvo el
paraguas para que la señora, con gran
parsimonia, se introdujera en el taxi con
lentitud, acoplando los pliegues de su falda con
esmero.
Después de indicarle el destino, la clienta
entabla un dialogo en tono señorial:
“Debe usted saber que no lleva a una cualquiera,
es un privilegio el tenerme aquí en su taxi,
debo de resolver unos negocios de alto nivel y
va a tener usted el honor de servirme”
El taxista miraba de reojo por el espejo con
incredulidad, observando como la clienta se
retocaba los labios con un carmín de Chanel.
“Que frenazos pega usted, me voy a despeinar y
no quiero decirle nada si se me caen los
pendientes de oro que me regalo el Sr. Ministro,
se puede buscar un gran problema”, amenazo al
taxista después de cruzarse una moto y tener que
frenar bruscamente para evitar la colisión.
El taxista empezaba a mosquearse pensando:
“quien será esta mujer tan remilgada, parece una
diva de las películas antiguas”.
Al llegar a un edificio donde se encontraba una
Notaria, obligo al taxista a bajarse del
vehículo, abrirle la puerta del taxi y sujetarle
el paraguas hasta la entrada, diciéndole la
señora: “Ahora me esperas aquí, estos asuntos
son particulares y además no los entenderías” a
la vez que en su cara apareció un ademán de
desprecio.
A continuación la llevo al Aeropuerto de
Granada, abonándole el servicio y esperando la
vuelta hasta el último céntimo, volviendo a
requerir que el taxista le hiciera de asistente
hasta la terminal, en dicho lugar le dijo:
“bueno, hasta aquí ha llegado tu aventura, sé
que me recordaras mucho tiempo por la clienta
tan especial que has tenido el placer de
atender”.
A continuación se produce la situación mas
cómica del servicio, la señora, volviendo la
cara hacia un lado y poniendo una expresión de
altivez le otorga al taxista el siguiente
privilegio: “Anda, me has caigo bien, has sido
un buen mozo, puedes besarme la mano”.
Hay situaciones en las cuales una persona no
sabe cómo reaccionar y esta era una de ellas,
entonces el taxista cogió la mano de la señora
entre las suyas y agachando la cabeza en señal
de reverencia, le pegó un chupetón a la mano
tremendo, con abundante saliva, ante lo cual la
señora la retiro de inmediato al grito
de:“insolente plebeyo”, contestándole el
compañero: “este día lo recordara su alteza
siempre, como el día que un Excmo. Señor Taxista
le chupo la mano”.
Escritor:
Antonio Jesús Centeno Gómez
Catedrático en Taxitología.