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Haza de patatas  

Un compañero, cuando regresaba de realizar un servicio de Santa Fé, fue requerido por un señor que estaba en medio de la carretera, el taxista no tuvo más remedio que parar, ya que esta persona no mostraba ninguna intención de apartarse, estamos en los años 60, poca gente tiene vehículo, años del desarrollo industrial, del seiscientos, de la moda hippie, años de revolución interior del ser humano. 

Esta persona le indica muy apurado que le trasladara a Granada, y que le ayudara a cargar unos sacos de patatas que tenia preparados en una haza cercana y que estaba desesperado por que la furgoneta que tenía que llegar estaba tardando mucho, y que seguramente le habría pasado alguna avería o cualquier otra incidencia. 

Ante la insistencia del hombre, el taxista, por buena gente y por echar una mano al prójimo, accedió a las pretensiones del cliente, acercando el taxi a la haza y llenando el maletero de varios sacos de patatas. 

El Seat 1.500 iba a reventar, las ruedas se desparramaban pareciendo que explotarían de un momento a otro, el compañero le dijo al cliente: “Vamos, que íbamos a echar unas patatitas, madre mía, si me ha llenado el taxi de patatas hombre, este es un vehículo de traslado de personas no de mercancías, es la última vez que me pillan de tonto”, estaba indignado al darse cuenta de que había sacos en los asientos traseros del vehículo , parecía un “Taxipatata” o mejor dicho una patata gigante con cuatro ruedas. 

“El señor de las patatas” tendría unos sesenta años, de aspecto vacilón, su mirada indicaba una picardía tremenda, al mirarle a los ojos podía documentarse uno de todas las marrullerías del mundo. 

Al llegar al domicilio del cliente en Granada, el taxista tuvo que ponerse nuevamente manos a la obra para la operación de descargue, la impoluta camisa que llevaba se había manchado de tierra, “Cuando llegue a la casa y me vea mi mujer me va a matar, cuando le cuente la verdad encima se va a reír de mi”, pensaba el taxista para sus adentros. 

Finalmente, después de vaciar el coche de patatas y quedar hecho un estercolero, el cliente le dio las gracias por su amabilidad, le abono la carrera y le dijo: “No te enfades hombre, si robar no es malo, lo malo es que te pille el guardia”, soltando una sonora carcajada mientras le daba unas palmaditas en la espalda a nuestro compañero, el cual se había quedado de piedra mientras pensaba: “Esto es increíble, he estado robando sin enterarme, las patatas no eran suyas, ni la haza, que manera de hacer el imbécil, estoy hecho un tontaina tremendo”.

Escritor:
Antonio Jesús Centeno Gómez
Catedrático en Taxitología.

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