EXPERIENCIA DULCE
Y nos creemos que nuestros visitantes vienen a
Granada por la Alhambra, la Sierra Nevada, la
Costa Tropical, las Alpujarras, en fin, seria
innumerable relatar las cosas buenas que tiene
nuestra agraciada provincia. Esta historia que
vamos a degustar, viene a enseñarnos que somos
destino turístico por otros menesteres.
Dos clientes en la Gran Vía de Granada, junto a
la Catedral, al unísono levantan la mano para
solicitar los servicios de un compañero, ya
dentro del taxi solicitan ser llevados a una
famosa pastelería Granadina, mostrándose con una
ilusión desmedida, parecían dos hinchas del
“Graná” ante la posibilidad de subir a primera
división.
Al llegar al destino, le dicen a nuestro
compañero que los acompañe, ya que después los
tenía que llevar de vuelta a la Estación de
Autobuses. Entran en la pastelería como dos
elefantes en una cacharrería, llamando la
atención de los camareros y la clientela,
parecen poseídos, más que respirar bramaban,
miraban incesantemente buscando algo, al fin
cuando ven al fondo la exposición de pasteles de
todo tipo, acuden como leopardos con las garras
afiladas a examinar, con las narices pegadas en
el cristal, pastel por pastel, al grito de:
“mira este de chocolate, este de nata con
nueces, anda en la esquina hay un royal, a la
derecha una manta de coco………….”, nunca en su
vida el taxista había observado alguien que
conociera tantos tipos de pasteles, “estos tíos
saben más de pasteles que nosotros de coches, es
increíble”, pensaba el compañero con cara de
asustado.
Solicitaron alrededor de unos veinte pasteles
para cada uno, y cuando la dependienta se los
iba a envolver para llevar le dijeron: “que
hace, no los tape, que nos los vamos a comer
ahora mismo”, entregándoles la señorita la
bandeja de pasteles con una cara de espanto
tremenda, parecía un taxista después de
comunicarle que este año no se suben las
tarifas.
El compañero, en medio de los dos golosos,
observaba como devoraban un pastel tras otro a
velocidad de vértigo, con gula, con codicia,
parecía que los iban a ejecutar y estaban
cumpliendo un último deseo, “Es increíble, a
partir de hoy me creo que descendemos del mono,
que forma más primitiva de comer”, pensaba el
taxista, al ver como engullían los dulces con la
boca abierta, haciendo un ruido tremendo, los
labios embadurnados en nata.
Una vez que se hubieron zampado los pasteles,
abandonaron el establecimiento ante la mirada
atónita de la clientela, creo que los presentes
hicieron un esfuerzo por no despedirlos con un
sonoro aplauso o una sonora pitada, aquello
producía una mezcla de sentimientos encontrados.
Camino de la Estación de Autobuses le contaron
al taxista, entre eructos y emisiones de gas
metano, que habían venido a Granada para
degustar la confitería Granadina, “Desde luego
os habéis endulzado la vida”, les dijo el
taxista al devolverle el cambio del servicio.
Nuestro compañero siguió trabajando sin poder
dejar de pensar en las escenas vividas, tuvo que
ir a Santa Fé para degustar un buen pionono.
Escritor:
Antonio Jesús Centeno Gómez
Catedrático en Taxitología.