Dame tu
mano.
Una clienta visiblemente nerviosa, al
encontrarse dentro de un taxi, le realizó la
siguiente petición al taxista: “Le voy a pedir
un favor especial, lo de ir al dentista lo llevo
fatal, seria usted tan amable de acompañarme a
la consulta, es que me van a sacar una muela y
estoy que me tiemblan las piernas”, el compañero
no sabia que decir, optando finalmente por
aceptar en respeto de la avanzada edad de la
clienta y su simpatía.
Una vez aparcado el vehiculo en la Plaza de
Mariana Pineda, acuden a una clínica dental
cercana, después de esperar un rato, la
enfermera le dice a la señora que pase, esta le
dice al compañero: “Entre conmigo por favor,
realmente le he traído para una cosa, ahora
verá”, este accede, la clienta se coloca en el
asiento de trabajo y el taxista a su lado
sentado en una silla.
El dentista entra y la saluda cariñosamente, al
mirar al taxista sonriendo le dice: “Hoy le ha
tocado a usted”, nuestro compañero empezó a
mosquearse, después de ponerse los guantes y la
mascarilla y cuando iba a empezar el sacado de
la muela, el taxista se enteró del motivo de
acompañar a la señora, esta le pidió que le
diera la mano, y a cada movimiento del dentista
le pegaba un apretón tremendo mientras se
retorcía en la silla.
Una vez sacada la muela, el taxista observó que
tenia la mano totalmente enrojecida, la abuela
tan contenta, de regreso a su domicilio le
reconoció que le tenia pánico a los dentistas y
que procuraba que alguien fuera con ella,
después de abonar el servicio la señora se
despide: “Muchas gracias por todo, se ha portado
usted muy bien conmigo, la próxima vez que tenga
que ir al dentista le voy a llamar”, el taxista
pensó para sus adentros: “Por el bien de mi mano
mejor que no le duelan mas las muelas”.
Escritor:
Antonio Jesús Centeno Gómez
Catedrático en Taxitología.